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Anna María Pierangeli, el talento maldito de Cagliari

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Septiembre de 1971, Beverly Hills (California). Las tonalidades perdían intensidad, los matices sonoros se achataban, su cuerpo se estremecía exhalando los últimos suspiros de vitalidad. La actriz italiana Anna María Pierangeli (natural de Cagliari) perdía la vida tras ingerir una gran cantidad de somníferos. Al borde de los 40 años, el dolor era demasiado insoportable como para seguir arraigada a una vida que, tan pronto le había premiado con la cima, había querido ver cómo sufría arrebatándole todo. Esta es la historia de cómo una vida destinada al lujo, la fama y la admiración, acabó siendo un drama propio de Elia Kazan.

Dicen que el mero hecho de pronunciar su nombre hipnotizaba a los hombres. Es impreciso escribir de Pier Angeli (nombre artístico) sin comentar su belleza, del mismo modo que sería triste conocer su legado por su breve y tortuosa relación con James Dean. Artísticamente, la actriz italiana tuvo su clímax demasiado temprano, hecho que condenó el trabajo de sus últimos años a papeles insustanciales. Nuevamente la gestión del éxito y matices ajenos a lo profesional fueron determinantemente crueles. Bilingüe en francés, inglés y, por supuesto, italiano, la actriz era además una excelente cantante, talento del que se beneficiaron películas como ‘Puerto África’. Debutar con 17 años actuando en Italia junto a Vittorio de Sica denota cuán precipitado fue su ascenso.

Tan solo cuatro años después de aquellos inicios ya estaba en Hollywood encabezando repartos de lujo, como el que compartió con Kirk Douglas. Precisamente el gladiador de Kubrick fue uno de los primeros estadounidenses en caer rendido a sus encantos, a su inocencia y a su talento. Pero la joven actriz italiana no compartía ese sentimiento, y aquello quedó en una simple anécdota.

pier angeliEl reconocimiento artístico iba en aumento y los papeles otorgados así lo demostraban, pero entonces llegó ‘El caliz de plata’, la película maldita. Ya hemos hablado de la fracasada producción romana en las curiosidades de Paul Newman. Destinada a ser la película que impulsase las carreras de ambos actores, la contundencia de la crítica y del público fue unánime, y vieron peligrar sus aún breves vidas profesionales. Sin embargo, si de algo positivo podemos hablar sobre ‘El cáliz de plata’ fue del nacimiento de una de las relaciones más efímeras y a la vez legendarias del cine, la vivida entre James Dean y Pier Angeli. Coincidieron en los estudios de Universal cuando él rodaba ‘Al este del Edén’, y, según la mitomanía, el flechazo fue instantáneo, o al menos tan rápido como la desaprobación de la madre de Angeli. Este hecho fue determinante, la presión pudo con la actriz y a los cuatro meses puso fin a su relación a pesar de, como reconoció en múltiples ocasiones, estar profundamente enamorada de Dean.

Poco tiempo después contrajo matrimonio con el actor Vic Damone, a quien afirmó libremente (años después) no amar. De hecho, el espíritu mitómano hollywoodiense que alimenta las brechas entre realidad y ficción ha llegado a afirmar que, durante la boda, Dean hizo rugir el motor de su Porsche a la salida de la iglesia. Ni en un drama de los años 50.

Pero, a pesar de su vida sentimental y del fracaso de ‘El cáliz de plata’, Pier Angeli recuperó confianza artística con un exitazo que protagonizaba de nuevo junto a Paul Newman, ‘Marcado por el odio’. La historia del boxeador Rocky Graziano sirvió para encauzar ambas carreras, pero Angeli ya estaba desconectada de Hollywood y de toda esa vida. Decidió divorciarse a los cuatro años de matrimonio y emprendió rumbo a casa.

En Italia, salvo algunas producciones patrias de cierto renombre, la actriz fue poco a poco perdiendo protagonismo, llegando a protagonizar una producción en la que lo erótico primaba sobre lo artístico (‘Las endemoniadas’). Todo había sido precipitado, y sin haber cumplido los 40, todo era doloroso. El recuerdo de Dean siempre atormentó su conciencia, pero cómo estaba afrontando su vida profesional tampoco contribuyó a que la actriz mejorase su estado anímico.

Esa vida destinada al lujo, la fama y la admiración de la que hablábamos al principio, acabó truncada y deformada hasta convertirse en un duro retrato sobre el alto precio de la vida en Hollywood. Pero ya se sabe, en unos cimientos edulcorados y edificados sobre unas reglas tiranas, todo es posible. Porque, tal y como decía Marilyn Monroe,  “en Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma”.

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