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Charlie Sheen, todo en un día

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Que Charlie Seen centre todas las miradas mediáticas por abusar de sustancias estupefacientes (qué bien suena el eufemismo de ‘drogas’) no solo no es impactante, sino que es algo incluso esperado. En el sector cinematográfico, como en cualquier otro, hay citas o hechos anuales de importancia capital. Por ejemplo, el Festival de Cannes, la nominación de Jennifer Lawrence a mejor actriz, la película de Woody Allen, el estropicio de Adam Sandler… y el escándalo de Sheen. Bueno, más que escándalo, la entretenida anécdota de una noche (o día) de farra.

A priori, centrar el contenido de este artículo en una de las anécdotas de Charlie Seen, podría no tener interés. Sin embargo, por suceder antes de que su fama fuese planetaria (gracias a una serie que le hizo de oro), considero importante contaros por qué Charlie ya era peculiar antes de que todo el mundo conociese su trabajo. La anécdota que protagonizó está totalmente ligada a una película adolescente (sí, genialidad).

Se trata de ‘Todo en un día’. Ya os hablamos de ella en nuestro especial sobre las 50 mejores películas adolescentes. En esta comedia de John Hughes, Sheen tenía un pequeño papel. Tan pequeño que solo abarcaba una escena de apenas cuatro minutos de duración (en el montaje final). Interpretaba a un chaval que se encuentra en la comisaría con la hermana del protagonista. Su personaje entablaba conversación con la chica sobre por qué están allí. La primera palabra que pronunció no sé si era premonitoria o simplemente reveladora: “drugs”. Pero no es este detalle lo reseñable de aquella interpretación, sino cómo preparó el papel.

Fue el propio actor el que difundió su particular método para afrontar el papel. La complejidad artística que suponía aquel reto (véase la ironía) y la necesidad de destacar con una aparición tan breve, motivaron a que Charlie llevase a cabo una proeza que ya quisieran muchos poligoneros: estar dos días seguidos de fiesta. 48 horas de farra. Sheen necesitaba que el cansancio de su personaje tras una noche de ocio fuera completamente real. Necesitaba una mirada perdida y una cara descompuesta. Hughes sabía qué iba a hacer Sheen y dio su visto bueno. Si aquel tipo estaba tan ‘loco’ como para hacer eso en pos de la película, allá él, pensaría.

Dos días de fiesta no suponen una gran anécdota, y menos estando en el apogeo de los 20 años, pero hacerlo con el único fin de interpretar un papel, sí que parece una de las mejores excusas para gozar jamás escuchadas. Esto es oro.

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