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El dulce erasmus de Clint Eastwood en Italia

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Los intercambios educativos y culturales son parte del reflejo de la ambiciosamente denominada universalización. Tendemos a plagar de tópicos la forma de vivir estas experiencias vitales, y mi práctica empírica no me permite desmentirlo. Conozco a personas cuyo erasmus no fue aquello que todo manual del estudiante promete: farra de todos los colores. Son la prueba de que, para que todo equilibrio exista, si los excesos ociosos de unos desnivelan la balanza, se ha de compensar con el duro esfuerzo de otros. Adaptarse a un país, con lo que ello conlleva, no es fácil. Idioma, horarios, cultura, y otra serie de aspectos que configuran el día a día necesario para asentarnos en otro emplazamiento. Pero, todo esto cobra una dimensión diferente si nos referimos a Italia como destino de una beca erasmus.

El origen de la beca erasmus se remonta a 1987, pero esto no va ser una lección histórica sobre su repercusión social, cultural o política, sino que creo conveniente señalar la fecha para mostrar  que sé la diferencia de años que existe entre un elemento del artículo y aquel con el que va a ser comparado. Estoy convencido de que Clint Eastwood, si quieren seguir mi metáfora, hizo un estupendo, anómalo y largo erasmus en Italia (con interesantes viajes a España).

Quería organizar el erasmus de Eastwood en cuatro pilares fundamentales de la vida erasmus: idioma, fiesta, turismo y universidad. Pero, por limitación de tiempo e ideas, quitaremos el más prescindible, que tiende siempre a ser el último nombrado, y en este caso el menos relevante: la universidad. Así pues, fiesta, idioma y turismo, compondrán este repaso al erasmus de Clint en Italia.

Fiesta

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Imagino que habrá quedado claro. No sé si Eastwood tuvo una fecunda vida noctura, no sé si bebía ron, whisky o limoncello, ni siquiera sé si poseía un espíritu ‘cierrabares’. La fiesta fue ser el elegido para revitalizar el Western. Llegó a Europa sin una fama excesiva más allá de los países en los que se había estrenado su serie ‘Rawhide’ (emitida como ‘Latigo’ en España).  Hasta que llegó a Italia, solo había protagonizado esa serie en su país, así que, tras superar con éxito el primer año (como actor secundario en algunas películas), y el segundo (con la serie citada), en la  ficticia ‘Universidad del Buen Actor’, cogió sus maletas en 1964 destino a Italia. El erasmus le esperaba en su tercer año de carrera, había logrado los créditos necesarios. Allí, un director al que no conocía le quería para protagonizar un western. Su nombre: Sergio, de apellido Leone.

La beca no parecía mala: 15000 dollars, 1 billete de avión y gastos pagados de 11 semanas de rodaje. Ya podría tomar nota cierto Ministerio. Para alguien totalmente desconocido representaba una gran suma. Por este motivo llegó con tanta confianza a su primer encuentro con Leone, en Roma, mayo del 64. Aunque aquel estudiante aterrizó con un estilo que no gustó al director, quedó admirado con su presencia, pues encajaba a la perfección con el personaje sin nombre, sin pasado y sin destino, que interpretaría en su versión de ‘Yojimbo’ (Akira Kurosawa), denominada ‘El magnífico extranjero’, que finalmente sería estrenada como la joya que conocemos: ‘Por un puñado de dólares’.

Idioma

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A priori, podía parecer un problema capital que ni Clint Eastwood hablase italiano ni Sergio Leone inglés, ni una sola palabra. Pero, eso que dicen de que el lenguaje del cine es universal queda justificado por situaciones como esta. Se entendieron a la perfección sin necesidad de las palabras, ambos eran grandes apasionados y entendidos del cine (como arte), y quedó demostrado en el resultado finalmente logrado. Obviamente hubo un traductor, Benito Stefanelli, actor de doblaje y especialista en las películas de Leone. Su fluidez hablando inglés le permitió ayudar a Eastwood comunicarse con el resto del set de rodaje.

Los personajes de Leone parecían homenajear este hecho en los momentos cumbre de su cine, cuando no hay diálogos, solo miradas. El hipnótico montaje y la banda sonora de Ennio Morricone se encargaban del resto. En ‘La muerte tenía un precio’, uno de los mejores duelos jamás rodados de la historia del cine, Lee Van Cleef, Gian Maria Volonté y Clint Eastwood solo se comunican verbalmente cuando este último sentencia: “Bravou” (“bravo” bien pronunciado en castellano). Fabuloso. Tanto como la melodía que fluye desde el colgante.

Turismo

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Durante su etapa en Europa, Eastwood, como cualquier otro estudiante de erasmus, aprovechó para visitar preciosos rincones tanto de Italia como de España. No solo el hecho de desplazarse junto al set de rodaje le permitió conocer estos lugares, sino también las visitas de su esposa Maggie lo condujeron a ciudades como Segovia, Toledo o Madrid. Pero, el emplazamiento que tuvo el significado más especial fue sin duda Albaricoques (pueblo almeriense), donde se rodó gran parte de la segunda película de la trilogía, incluido el maravilloso duelo ya mencionado.

Pero no todo fue un apacible sendero hacia el éxito y el reconocimiento. La relación entre Leone y Eastwood se deterioró con el paso de las películas, de tal manera que el final de ‘El bueno, el feo y el malo’ –SPOILER- en el que el feo (Eli Wallach) grita una serie de improperios al bueno (Clint Eastwood) mientras este se aleja a caballo –FIN DE SPOILER-, parece ser una revelación de lo que estaba sucediendo. Clint estaba harto (como muchos de los miembros del reparto) de la minuciosidad de Leone, que insistía una y otra vez en rodar múltiples planos detalle de la misma acción desde diferentes perspectivas, lo que acabó por hacer profundamente aburridos y pesados los rodajes. Por ello, cuando el director voló hasta Los Angeles para pedirle al actor que participase en ‘Hasta que llegó su hora’, éste lo rechazó. Y años después, en plena promoción de ‘Erase una vez en América’, Leone dijo de Eastwood que su estilo interpretativo se asemejaba al de “un bloque de mármol”. Feo final para tales obras maestras.

¿Qué supuso para el cine el erasmus de Clint Eastwood? Sin duda –y esto es algo objetivo- la resurrección del Western como género. Entre la crítica hubo división de opiniones, pero lo más importante es que hoy en día no las hay, la trilogía del dólar forma parte del selecto grupo de cine coloso, cine adherido a la cultura popular y a las representaciones sociales. Tarareamos su banda sonora (eterno Morricone) cuando hablamos de su género cinematográfico, y eso es la mejor prueba de que, 50 años después, estamos ante una maravilla, por partida triple.

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