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‘Despertar en el infierno’, la resaca del canguro

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Si hay una película que se merezca la tan manoseada etiqueta de film “de culto” esa es la australiana Despertar en el infierno’, un auténtico clásico oculto. Reúne todas las condiciones para ello. Es más, las sobrepasa. No sólo su contenido produce fascinación por su controversia, sino que la historia de la película en sí ya la dota de un aura mágica. Véase: estuvo nominada a la Palma de Oro en Cannes en 1971, donde fue aclamada por la crítica y donde el mismísimo Scorsese dijo de ella que le había dejado sin palabras, fue recibida a palos por el público australiano, que se negaba a aceptar que aquella pesadilla que veía en pantalla fuera un reflejo del lado oscuro de su país, y el negativo de la película estuvo en paradero desconocido durante décadas, hasta que su montador, Anthony Buckley, finalmente lo localizó a mediados de 2004 en un almacén de Pittsburgh, en el interior de un contenedor marcado con la etiqueta “for destruction“.

Basada en la novela corta de Kenneth Cook ‘Pánico al atardecer’, y realizada por Ted Kotcheff (responsable de Acorralado’), la ruinosa historia de John Grant, ese apuesto y culto profesor que decide hacer escala en un extraño pueblo en medio del desierto antes de coger un vuelo a Sidney para pasar las vacaciones con su novia, provoca en el espectador, ante todo, incomodidad. Lo que en principio iba a ser una tranquila noche de paso, se convertirá en toda una semana de derrumbe personal y degradación moral. “A nadie le importará quién es usted y de dónde viene. Si es usted un buen tipo no tendrá problemas”; con esas palabras introducen a Grant el forastero en Bundanyabba, un pueblo con alma de telaraña. Resulta irónico que el infierno pueda estar en un lugar en el que todo el mundo es tan hospitalario que podrías vivir sin dinero, la cerveza siempre está fría, las mujeres se muestran amables contigo, y el juego preferido de los hombres consiste en apostar dinero al simple cara o cruz de una moneda. Sin embargo Grant, cuyo rumbo inicial parece un poco más borroso después de cada trago, no sabe enfrentarse a esa camaradería tan exigente como abrasiva, y su superioridad moral va desmoronándose con la misma facilidad que uno acepta una invitación a otra cerveza o se juega unas monedas por una falsa corazonada al cincuenta por ciento.

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Con ese desesperado ambiente febril digno de una película de Polanski, ‘Despertar en el infierno’ bien podría ser un capítulo especial de ‘La dimensión desconocida’. Querer acotarla afirmando que sólo trata sobre alcoholismo sería cortar sus alas negras. Va más allá con ese dejarse llevar que finalmente expone la faceta más animal del protagonista, que probablemente desconocía, y la sensación, no ya de que cualquiera podríamos terminar haciendo una parada en nuestro Bundanyabba particular, sino de que esa parada ni es de dificil acceso, ni está tan lejos como pensamos. Dentro de la aparente simplicidad del film está su grandeza, y dentro de su sutileza su terror. Consigue ser espeluznante sin psicópatas con máscara, monstruos gigantes, sustos tras el pasillo, ni fantasmas. Tan sólo los personales. Lo más admirable, aparte de una puesta en escena opresiva y la potentísima interpretación de Donald Pleasence como sudoroso gurú de la perdición, es la capacidad que posee el film de introducir algún elemento perturbador en todas y cada una de sus escenas (desde un bizarro homenaje a los caídos en la guerra hasta una simple llegada al hotel), creando un ambiente enrarecido lleno de miradas indiscretas, risotadas que se alargan demasiado, palmadas innecesariamente fuertes, y comentarios fuera de tono. La espiral de depravación de Grant alcanza un climax tan potente visualmente como sorprendente (por nunca visto), en la que durante una caza de canguros debe enfrentarse a uno de ellos en una pelea cuerpo a cuerpo como prueba de fuego. Una pelea en el que ya ni Grant ni el espectador saben muy bien si está peleando contra sí mismo o contra toda una tierra polvorienta y desértica en la que no encontraría la gloria ni Lawrence de Arabia. Mucho menos si te la juegas a cara o cruz.

Tras la milagrosa recuperación del negativo, Despertar en el infierno’ se exhibió en la sección de clásicos de Cannes del 2009 para posteriormente reestrenarse en unos pocos cines estadounidenses en 2012. Una vez restaurada digitalmente, este pequeño tesoro para cinéfilos se lanzó al mercado doméstico a principios de 2013.

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