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‘Elle’, la última (y obligatoria) depravación de Paul Verhoeven

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Deben pensar que la ligereza de ‘Desafío total’ y ‘Robocop’ es un obstáculo, así que toman esas historias algo absurdas y las hacen demasiado graves; eso es un error. Las películas necesitan la distancia de la sátira y la comedia. Jugar en línea recta sin ningún tipo de humor es un problema y no una mejora.” Así respondía el holandés Paul Verhoeven a la pregunta de por qué los remakes de sus éxitos pretéritos en Hollywood no triunfaban. Quizá a alguno que dudara de la integridad e inteligencia del autor le haya sorprendido una respuesta tan elocuente, pero aquí siempre confiamos en un profesional con una de las filmografías más locas y a la vez coherentes del panorama cinematográfico. Verhoeven presentó ‘Elle’ en el pasado Festival de Cannes y su película – sexy, oscura, juguetona, demencial – ha llegado ahora a San Sebastián en su sección de ‘Perlas’. La historia de cómo una fría ejecutiva divorciada – una descomunal Isabelle Huppert – afronta una violación en la intimidad de su hogar le sirve de excusa para reflexionar sobre la irracionalidad del deseo y los peligrosos caprichos del fulgor sexual. Resulta curioso comprobar cómo dos cineastas tan maravillosos y de edad avanzada como él y Woody Allen (con ‘Café Society’) han acudido con resultados tan desiguales a un tema similar a través de historias diferentes en este 2016. Mientras que la versión de Allen se muestra apolillada y perezosa, a ‘Elle’ la engrandece la asombrosa libertad creativa de un Verhoeven que reparte juego y mala baba con un cruce de tonos y géneros (thriller sexual, drama familiar) realmente asombroso. El acierto principal es, sin embargo, el que ya apuntaba para justificar el éxito de sus extraños y por desgracia lejanos blockbusters (añadamos la gloriosa ‘Starship Troopers’) que pivotaban sobre las convenciones del cine de serie B: el humor. Aquí de tan negro se convierte en vitriolo: malsano, incómodo, brutal. Hay camareros que llegan para mostrar botellas de champán justo cuando una víctima confiesa que ha sido violada, orgasmos que estallan al encender las luces de Navidad, animaciones de videojuego que se equiparan a las del escáner de una terrible prueba médica, cenas de Navidad aderezadas con tímidas venganzas domésticas…

Cannes France 21 05 2016 - Dutch director Paul Verhoeven R and French actress Isabelle Huppert L pose during the photocall for Elle at the 69th annual Cannes Film Festival in Cannes France 21 May 2016 The movie is presented in the Official Competition of the festival which runs from 11 to 22 May Cine Francia EFE EPA JULIEN WARNAND

Verhoeven insiste (ya saben, a veces con la sutileza de un Haneke, otras con el tacto de un elefante) en equiparar a hombres y mujeres con los animales y sus actos irracionales, puramente instintivos y sólo aceptados como un cumplimiento de las pulsiones del momento aunque éstas nos destrocen en todas las instancias; el sexo y la muerte como actos inseparables aunque sea de forma espiritual. ‘Elle’ posee el violento voltaje sexual de ‘Delicias turcas’, una inquietante atmósfera con toques kitsch marca de la casa, relaciones pegajosas y autodestructivas como en el ‘Crash’ de Cronenberg, y un humor macabro tan impredecible e inteligente como el buen sexo. La última depravación de un psicópata con cámara llamado Paul Verhoeven llegará a las salas españolas el próximo 30 de septiembre. Por pura abrasión.

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