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Por estandarte una motosierra, la matanza de Tobe Hooper

marilyn burns

Sally suspendida en una camioneta texana, de conductor anónimo, bañada en colores cálidos entre los que predomina el rojo sangre. Ya amanece, apenas han pasado unas horas desde que ella y sus amigos llegaron a la casa abandonada de un familiar. El rostro, desdibujado, descompuesto, sin apenas consciencia de cómo representar los sentimientos de quien lo porta. Entre tanto grito, cada vez más débil, apreciamos con dificultad una leve sonrisa, quizá camuflada en una mueca. Sally está riendo inconscientemente, todo ha terminado, está escapando del infierno, está escapando de Texas, está escapando de la matanza de Tobe Hooper.

¿Quién y por qué es tan influyente Tobe Hooper no solo para el género de terror sino para el cine en sí? El director de ‘La Matanza de Texas’ (1974) encumbró su obra como una de las mejores cintas de terror de todos los tiempos. Pero su magnitud es tal que directores como Ridley Scott la calificaron como “una de las pocas películas realmente buenas”. Después afirmó haberse inspirado en ella para filmar la que probablemente sea la mejor película de terror de la historia, ‘Alien, el octavo pasajero’, pero eso ya es otra historia.

texas shorts

Cuando la barbarie estaba en Vietnam, Tobe Hooper sembró el caos en EEUU. Texas es ya es una meca del terror, sin que nada de lo que refleja la película sucediese realmente allí, salvo quizá el triste atropello de un pobre armadillo que trataba de alcanzar el otro punto de la carretera. Y es que la película no está basada en hechos reales, al contrario de lo que se ha ido difundiendo durante generaciones. Es probablemente uno de los desmentidos con menos eco de la industria. No interesa, da igual, es una forma de alimentar el mito, de engrosar la trágica leyenda.

Su influencia en el género y en el cine en sí, está determinada por una serie de patrones estilísticos que no eran tan disruptivos como efectivos. Alejándose de recursos técnicos simples y apostando por planos fijos de duración desconcertante, por travellings inmersivos en la barbarie, por el retrato explícito de la violencia, por esculpir artísticamente la demencia, y sobre todo, por un sonido que serraba nuestros oídos, Hooper construyó la matanza más popular de la historia del cine.

Todo fue minuciosamente hilado. Tanto fue así que, para el final, todo el reparto ya estaba demasiado traumatizado por cómo se había desarrollado el rodaje como para que la naturalidad simplemente fluyese. Marilyn Burns llegó a sentir terror rodando la icónica escena final. Hooper había sido excesivamente perfeccionista en determinadas tomas y había acabado con la paciencia de algunos de los actores, que detestaban repetir una y otra vez tomas bajo un sol infernal. Pero esto no es más que una parte de la intrahistoria que toda joya debe poseer para moldear la mitomanía.

No, Bogart, no siempre nos quedará Paris, siempre nos quedará Leatherface danzando, esperando a nada, ajeno a su horror, mientras el sol siluetea su figura y la de su fiel compañera, la motosierra, en lo que sin duda es una obra maestra. Si no fuera por su inconsciencia podríamos hablar de genialidad, pero solo fue una carnicería más, no un lienzo creativo en el desatar sus sentimientos. Los dientes de la herramienta mecánica desgarran sin piedad, mientras los fans seguiremos aterrorizados por mucho que sepamos de memoria cada plano, cada frase, cada corte.

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1 Comentario

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    Las 50 mejores películas de terror - Búfalo Magazine
    30 octubre, 2018 at 7:28 pm

    […] leyenda. Sin lugar a dudas, es uno de los grandes estandartes del cine de terror de la historia, una de las “pocas películas realmente buenas”, según Ridley Scott. Hay cierto paralelismo arácnido en el personaje (véase la soberbia escena del primer […]

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