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John Belushi, la tormenta blanca

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“A los maricas no les gustan los Belushi” John Belushi

Es difícil averiguar dónde estaría hoy John Belushi. Si observamos a sus compañeros de generación y a otros cómicos salidos de la talentosa cantera del programa de TV estadounidense Saturday Night Live, podríamos hacernos una vaga idea. Pero creo que nunca podríamos acercarnos. John era auténtico, no encajaría en ninguno de los moldes, en ninguna de las preestablecidas etiquetas que tanto nos gusta poner hoy en día. ¿Estaría casi desaparecido del mapa como Chevy Chase?, ¿se habría reciclado en musa de cineastas indies, como Bill Murray?, ¿se habría mantenido al lado de Dan Aykroyd, su mejor amigo?

Nacido en 1949, en Chicago, descendiente de padres albaneses, se enroló en su juventud en un grupo de teatro en el que pronto empezó a acaparar la atención de la crítica especializada y de sus compañeros que, en ocasiones, le acusaban de eclipsarles y pisarles los números. Gracias a su inmenso talento para hacer reír, Belushi, especialista en el humor físico, fichó por una productora de televisión que tenía una bomba entre sus manos, una idea que revolucionaría la caja tonta norteamericana allá por los años setenta: Saturday Night Live. En su propio nombre está todo dicho; sería un programa de humor en directo, algo que no gustaba mucho a los censores… Y ahí es donde Belushi sacó todo su potencial, donde América conoció al que sería su ídolo durante algunos años. De la nada surgió un hombre al que todos le reían las gracias. Sólo le bastaba con abrir la boca, con arquear las cejas, con sacar pecho…

Belushi podría parecer un hombre totalmente seguro de sí mismo ante los ojos de los que no le conocieran, pero en realidad era todo lo contrario. Dudaba de su talento, era uno de esos artistas que necesitaba una y otra vez la aprobación de los que le rodeaban para seguir adelante. Disfrutaba con su trabajo, le encantaba ser el centro de atención, oír las carcajadas del respetable… Todos sus compañeros destacaban su gran fuerza en el escenario, Belushi inyectaba potencia a todo el que estaba a su alrededor, como un gran torrente. El problema es que mucha de esa fuerza provenía de las drogas, en especial de la cocaína, que pululaba por las oficinas del Saturday Night Live con total libertad. Era el combustible que mantenía despierto a guionistas, directores, actores… lo que les permitía rendir con eficacia y aguantar la presión de salir en antena en directo. Pero Belushi siempre iba más allá, regodeándose en su exceso: “me encanta pasarme”.

La suya es otra vez la vieja historia de chico sencillo al que el éxito se le cae encima como una enorme avalancha. No soportaba la presión de ser el más grande, no soportaba que cupiese la posibilidad de defraudar, y quizá por eso siempre aceptaba droga. Cada vez que salía de fiesta, tanto compañeros como fans le ofrecían cocaína, querían que estuviese a tope, querían complacerle, y John quería exprimir cada segundo. Pocas veces rechazaba unos gramos. La mayoría de la gente del mundo del espectáculo consumía, al igual que él, pero solía haber en sus vidas uno o varios puntos de inflexión que les hacían recapacitar y dar marcha atrás. Sin embargo, John no tenía control, iba disparado hacia el precipicio sin soltar el acelerador, y para él nunca hubo punto de inflexión alguno. Las fiestas nunca terminaban, duraban días. Cuando parecía que la gente se apagaba, él se iba buscando alguna luz encendida en la noche, alternando fiestas lujosas (frecuentaba la Mansión Playboy) con los antros más oscuros y gastados de Chicago. Días y días sin dormir, y un consumo obsceno de alcohol, cocaína y, durante los últimos años de su vida, heroína (“es como besar a Dios”, afirmó), le llevaron a albergar una personalidad distinta e insoportable. Sus actos, al igual que sus palabras, dejaron de tener sentido. Compraba excentricidades carísimas, llegaba tarde a todas las citas, irrumpía en las casas de compañeros a horas sin previo aviso y con un aspecto deplorable, y, poco a poco, se creyó sus propias paranoias, que apuntaban a todo Hollywood; afirmaba que no le dejaban ser quien quería, que le controlaban. Poco quedaba de aquel Belushi tímido e inseguro. Como él mismo dijo, ahora era “un sórdido espectáculo de club nocturno”. Amigos como Robin Williams, Steven Spielberg o Dan Aykroyd se alejaron poco a poco de él, temerosos de acabar absorbidos por aquel agujero negro, por aquella tormenta blanca.

JohnBelushi&DanAykroyd

El salto al cine llegó con ‘Desmadre a la americana’, de John Landis. Fue un tremendo éxito de taquilla, de hecho sigue siendo una de las comedias más rentables de la historia, y la crítica la recibió con los brazos abiertos, en especial a Bluto Blutarsky, un personaje tan exagerado como divertido. Belushi encarnaba a un pésimo estudiante que se pasaba todo el día de farra y que terminaría convirtiéndose en senador. Para Landis, era “un cruce entre Harpo Marx y el monstruo de las galletas.” Aunque actor y director repetirían en ‘Granujas a todo ritmo’, Landis sufrió en sus carnes la actitud de Belushi y viceversa. Cansado de tener que esperarle siempre para empezar a rodar, el director entró sin avisar en la habitación de la estrella, cogió las bolsas de cocaína y las tiró por el retrete.

Los Blues Brothers nacieron de una idea original de Dan Aykroyd para Saturday Night Live. Y de una broma resultona pasaron a convertirse en todo un fenómeno musical. Rodeándose de grandes músicos, ataviados con gafas de sol Wayfarer y realizando buenas versiones de clásicos americanos, vendieron miles de discos y ofrecieron varios conciertos en los que llegaron a participar Keith Richards o Ron Wood. Aunque el film sea hoy una pieza de culto, fracasó estrepitosamente. Sin embargo, es junto con ‘Desmadre a la americana’ la inclusión en el cine más importante de Belushi. Su colaboración con Steven Spielberg nos dejó ‘1941’, el primer batacazo de su director, una comedia sin gracia y pretendidamente alocada. Participó en ‘Camino al sur’ en un pequeñísimo papel al lado de Jack Nicholson, y realizó un par de incursiones en el cine de autor (‘Old boyfriends con guión de los hermanos Schrader y ‘Continental Divide’), en las que se alejaba del típico papel que interpretaba… y que pasaron bastante desapercibidas. Su última película fue ‘Mis locos vecinos, en la que, muy afectado mentalmente por el reiterado consumo de drogas, estableció una guerra con su director, John Avildsen, y en la que hubo numerosas discusiones y desplantes por parte de un Belushi totalmente descontrolado: “nadie puede darme lecciones sobre dos cosas: comedia y música”.

‘Noble Rot’, ‘The Joy of Sex’ y un film sobre contrabando que iba a ser realizado por el director de renombre Louis Malle iban a ser sus próximos proyectos. El primero había sido escrito por él mismo; todos los productores, agentes y amigos que lo leyeron coincidían en que era lamentable. El segundo sólo era un intento por parte de su agente de recuperar el brillo perdido, una comedia de sal gorda en la que Belushi volvería a interpretar a un personaje parecido a Bluto. Dan Aykroyd estaba escribiendo una comedia de aventuras y terror para protagonizar junto a él: ‘Los cazafantasmas.

La noche del 4 de marzo de 1982, de farra con Robert De Niro, su amiga y camello Cathy Smith le proporcionó una dosis mortal de speedball (mezcla de heroína y cocaína). Mientras dormía, Cathy fue a avisarle de que se iba y a preguntarle por su estado. Belushi afirmó estar bien, ella le trajo un vaso de agua, él lo bebió. “No te vayas”, dijo. Fueron las últimas palabras que salieron de su boca. Y no tenían gracia. La broma dejó de ser tal. Sin embargo, parece incomprensible que Belushi no contemplase la peligrosísima vorágine en la que estaba inmerso. Cuando le preguntaban por qué tomaba drogas, él simplemente contestaba: “porque están ahí”. Acudió como invitado a un programa de humor en el que debía protagonizar un sketch en el que fallecía. Propuso que sería gracioso que muriera de una sobredosis. Como él llegó a decir: “Cuando la cago, la cago en serio.”

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1 Comentario

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    Los 10 mayores borrachos de película - Búfalo Magazine
    10 enero, 2017 at 4:07 pm

    […] os relatamos el historial de excesos de John Belushi, comediante perfecto para interpretar a Blutarsky, “un cruce entre Harpo Marx y el monstruo […]

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