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La digna decadencia del DVD

michael-cera-bufaloLa tecnología y la evolución tan natural como fugaz que está experimentando en las últimas décadas, ha tenido consecuencias directas sobre una industria cuyo desarrollo ha dependido en gran medida de este factor. Hablamos de aspectos técnicos, pero que inevitablemente tienen una importancia capital en la confección de las imágenes. La Dolly, la Stedy Cam, el perfeccionamiento en la elaboración de planos como el cenital o el subjetivo, y una serie de técnicas que han sido optimizadas a lo largo de las décadas. Al fin y al cabo, hablamos de cine, y la tecnología relegaría su trascendencia a la concatenación y posterior reproducción de las imágenes si por ella fuera.

El cine como arte u oficio, o como el equilibrio entre ambos. Para ser evolutivos, en lo humano y en lo tecnológico, somos tremendamente reduccionistas. Es un sector que abarca tal amplitud que no precisa de categorización. Pero aun así buscamos reducir su influencia a una etiqueta, a una sentencia en un debate, a un desfiladero en el que sentirnos cómodos afirmando que no es ocio o que no es arte. Nada de eso, es simplemente cine.

Hablamos sobre cine y tecnología a raíz del último anuncio de TSST, la unión perpetrada en 2004 entre Toshiba y Samsung para impulsar la fabricación de DVDs, formato que comenzó a mediados de los 90 y cuya popularización se produjo a finales del Siglo XX. En este anuncio confirman un hecho que no supone ninguna sorpresa, y es la finalización en la fabricación de unidades lectoras y reproductoras de DVD. Y decimos que no ha sorprendido porque llegamos a un momento en el que los debates sobre la rentabilidad de producción del formato son una constante. ¿Vender un reproductor a 30 euros es rentable? Qué más da, si ya nadie los compra. El formato físico por excelencia que nos acompaña desde el siglo pasado estaba condenado, y aunque será un ocaso bastante lento, anuncios así confirman las sospechas.

Pero esto no es un hecho atribuible únicamente al DVD, ni siquiera al Blu Ray (con casi 20 GB más de capacidad), ni siquiera al que se prevé el sucesor comercial, el Ultra HD Blu-Ray (con hasta 100 GB de capacidad). Hubo un tiempo en el que todo se reducía al tamaño, en el que, al margen de las connotaciones sexuales, todo debate terminaba con, este es más grande, este tiene más capacidad, este permite mayor velocidad de transmisión de datos y, por lo tanto, mayor calidad de imagen. ¿Cuántas personas que consumen cine siguen comprando formato físico? Posiblemente, los búfalos nostálgicos y solitarios que siguen poblando la estepa. Pero esos búfalos son cada vez menos, pregunten a la manada, haced el favor de preguntar cuántos de vuestros conocidos aún adquieren un formato físico. Cada vez menos valientes, es un hecho indiscutible.

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Por lo tanto, el debate no es, DVD sí o no, Blu-Ray sí o no, o Ultra HD Blu-Ray sí o no… el debate es de mayor profundidad, el debate es formato físico frente a formato digital. Y no es un debate ni mucho menos nuevo, pero sí actual, porque las piezas siguen moviéndose y todas conducen hacia ese desfiladero reduccionista. Modelos de negocio como Netflix están adquiriendo mucho peso, pero el consumo de este tipo de formatos para un consumidor corriente conduce a la elección, y la elección es sacrificio, y en este caso, el formato físico será el sacrificado.

Y la relevancia del cine en formato físico, la necesidad de abanderar su comercialización, (que nunca se debe poner en duda) debe toda su razón a formatos como el de The Criterion Collection, cuyo canal de Youtube (¿paradójico?) tiene una serie de vídeos en los que algunos directores y actores independientes comentan películas (sosteniéndolas en su formato de DVD) que han influido en su condición de artista, o que simplemente les han gustado. Pero la clave es precisamente esa, independientes, y es ahí donde quedará el formato físico, que poco a poco va encontrando su lugar, su nicho, su espacio.

Los más cinéfilos seguiremos adquiriendo formato físico, porque hay un componente sentimental en ello. No hablamos de coleccionismo, hablamos de pertenencia y de enamoramiento. Uno tiene la sensación de estar contribuyendo con su aportación a que maravillosas películas que poblan nuestras estanterías sigan teniendo una justificada vida comercial tras su paso por las salas de cine. Y mientras eso suceda, los búfalos seguiremos siendo felices, porque como dice Michael Cera al finalizar su vídeo, “este soy yo”, y como decía el recientemente fallecido Ettore Scola, maestro italiano de este arte, “el cine es un espejo pintado”. Y es que las películas, como nuestros actos vitales, nos definen.

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