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Nostalgia cinematográfica, la trascendencia de ‘Dazed and confused’

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Dice Joaquín Sabina, en su canción ‘Frente Marchita’, que no hay peor nostalgia que añorar lo que nunca jamás sucedió, y no solo atesora una sinceridad de sentencia, sino que me sirve como punto de apoyo para hablaros de lo que mejor sabe representar Richard Linklater, uno de los directores contemporáneos más estimulantes, y es ese sentimiento. Los diccionarios se empeñan en encasillar la nostalgia en ese cúmulo de sustantivos de connotación negativa, aludiendo a sinónimos como pena, tristeza, melancolía, y lógicamente van bien encaminados, ¿quién va a poner en duda a un diccionario? Sin embargo, no todo lo que representa está estrechamente ligado a los sentimientos que declinan la balanza hacia el lado más oscuro. Si todo fuese negativo y tomamos a ‘Dazed and Confused’ (‘Movida del 76’ en castellano) –su obra más influyente- como pura nostalgia, ¿cómo podría representar tanta genialidad?

Y es que es inevitable que, con cada visionado de la joya de Linklater, la nostalgia monopolice nuestros sentimientos. Nunca supimos muy bien por qué, pero siempre ha sido así. No estamos ante una película, estamos ante el retrato de una época, de una generación, de un sentimiento, de una forma de abordar la vida. Hablar así sobre una película adolescente, además de cursi, resulta incluso pedante, pero cuando cincelamos y analizamos los moldes que el director texano edificó, comprobamos que estamos lejos de saber describir su dimensión. Película de culto. Película generacional. Película baluarte del género adolescente.

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‘Dazed and Confused’ no es una de esas historias destinadas a grandes premios, pero sin duda sí que es una película que, por aproximación y certeza sentimental ficción/realidad, ha encontrado un hueco en ese cajón de culto cinematográfico que, por otro lado, se empeñan en llenar los mitómanos cuando cada vez parece haber menos espacio (habrá que ordenarlo de vez en cuando). ¿Está justificado? Sin lugar a dudas. Al fin y al cabo no se trata de imágenes en movimiento, se trata de un gran lienzo que aparece y se oculta en apenas unas horas. Algunos desconectan en la torre de la luna, otros en el campo de fútbol americano del instituto, otros en casa, tumbados en la cama tras la ‘charla’ maternal oportuna. ¿Qué pensará aquel chico de mi declaración? ¿Qué contará aquella chica a sus amigas sobre la conversación que tuvimos? No lo sabremos hasta el día siguiente, los móviles aún no existen.

¿Y tanta nostalgia a cuento de qué? Mi compañero, el búfalo José Colmenarejo, ya os habló de los 15 estrenos del verano, y el próximo viernes 1 de julio se estrena una de las película más esperadas del panorama indie americano, la secuela espiritual de ‘Dazed and Confused’: ‘Everybody wants some’ (‘Todos queremos algo’). Por este motivo no hay momento más justificado que este para hablaros sobre una de las mejores películas adolescentes de la historia, que como tal incluimos en nuestra gran lista.

Y en el titular os hablo de trascendencia sin exagerar, porque Linklater tuvo la valentía de estrenar esta joya en una de las peores décadas del cine adolescente: los noventa. Tras unos ochenta mediocres en los que prácticamente solo destacaron las producciones de John Hughes, Richard se lanzó a dirigir una película que llevaba años en su cabeza. Las críticas fueron magníficas y, como suele suceder en estos caso, la taquilla fue discreta (apenas recaudó un millón de dólares más de lo que había costado). Pero este tipo de obras no se rigen por la popularidad de su recaudación, si no sobre la mitomanía evolutiva que va migrando de generación en generación.

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En la vida, llega un momento (o varios) en los que la cerveza se acaba, el amanecer se aproxima y, como si de rayos de sol se tratasen, los sentimientos salen a la luz, los reprimidos en la oscuridad de la noche y los que ni siquiera tenían una razón previa. Porque después de todo, la nostalgia no tiene porqué ser por lo no vivido, sino por lo que está por suceder: “Aerosmith. 2 weeks. Don’t forget.” Y nunca más supimos de aquel concierto. Pero, el 29 de junio de 1976, en el Market Hall de Dallas, a 200 millas de Austin (ciudad en la que se ambienta la película), el grupo actuó. Quién sabe si hubo un tal David Wooderson y su acompañante pelirroja… “i love those redheads”. ¿Qué es la vida sino aquello que sucede entre canción y canción, entre la dulce emoción de Aerosmith y el huracán de Bob Dylan?

Lamentablemente, mucha suerte tendríamos los fans si una secuela espiritual noventera se anunciase. Casi dos meses lleva en la taquilla estadounidense ‘Todos queremos algo’ y apenas ha recaudado la mitad de lo que costó (3’9 M$ frente a 10M$). Siempre nos quedará el Emporium, la famosa localización de Matthew y su “I get older, they stay the same age“, que ahora es un bar en el que te sirven chuletas. La localización no ha cambiado: 6610 N. Lamar Blvd., Austin, TX 78757 (512) 380-9199. Animáos a visitarlo ¡Ya me contaréis!

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