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El anecdótico origen del Premio Donostia

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El premio individual más importante del Festival patrio de mayor renombre cumple 30 años en 2016. Tras ser galardonado Ethan Hawke, en la presentación del más que dudoso remake (por las críticas ya publicadas) de ‘Los 7 magníficos’, llegará el turno de Sigourney Weaver. Un total de 58 premiados si sumamos los especiales del 50 y 60 aniversario del festival (Francis Ford Coppola y Dustin Hoffman respectivamente) componen el maravilloso palmarés histórico del galardón.

Tan histórico como poco contemplativo con el producto nacional. Si bien la Sección Oficial del Festival suele estar caracterizada por presentar lo mejor del año del cine español, tan solo 4 de los Premios Donostia son españoles: Fernando Fernán Gómez (1999), Francisco Rabal (2001), Antonio Banderas (2008) y Carmen Maura (2013).

Una lista de premiados entre los que podemos encontrar a Lauren Bacall, Bette Davis, Al Pacino, Robert de Niro, Anthony Hopkins, Woody Allen, Susan Sarandon, Glenn Ford, Michael Caine, Gregory Peck… y así una lista de 58 nombres que formarían un elenco de ensueño. Precisamente Gregory Peck, distinguido como el primer Premio Donostia, fue uno de los artífices que dio origen a tal distinción.

De anécdota a rito

img_17028Cualquier fuente documental en internet puede desvelar el origen del galardón, pero no hay mejor fuente que el testimonio del Director del Festival en el año que se creó el premio. Diego Galán, director en dos periodos distintos (1986/1989 y 1995/2000), rememora en el excelente y obligatorio documental de TCM ‘El último adiós de Bette Davis’, la decisión que llevó a instaurar el galardón. Y como toda gran historia, surgió de una anécdota.

Pilar Olascoaga, secretaria del Festival durante más de 30 años, siempre había comentado que le gustaba mucho el actor Gregory Peck, así que la dirección del festival contactó con él para intentar que acudiese. Cuando el actor preguntó que por qué iba a ir a San Sebastián, surgió la necesidad de crear un premio y, según las palabras de Galán “así se inventó, de esa manera un poco frívola y superficial”.

Lo que Diego León no rememora en el documental (y sí lo ha hecho en otras entrevistas) es su intención de premiar a Jack Lemmon y la imposibilidad de hacerlo por los compromisos del actor. De este modo, la anécdota no queda relegada a la creación del propio premio sino también al actor al que otorgárselo. Por su parte, Bette Davis fue en 1989 la primera mujer que tuvo el premio Donostia, y acudió a San Sebastián tras la recomendación de Gregory Peck, quien había puesto el evento y la ciudad “por las nubes”, con total merecimiento.

Analizando en detalle a los premiados, comprobaríamos que no hubo mejor acción de promoción del Festival que la creación del premio. El Zinemaldia no pasaba por buenos momentos y la financiación cada vez estaba resultando más difícil de encontrar. Atraer a estrellas internacionales a San Sebastián para que los impactos en prensa fueran mayores y así los anunciantes justificasen su inversión fue el objetivo que tuvieron los organizadores al plantearse el premio, y no hay duda de que lo lograron.

La anécdota tornó en rito, y ya van treinta años de impecable ritual cinematográfico a orillas de La Concha –en lo que a Premios Donostia se refiere-. Tal y como sostiene Diego Galán en el documental, siempre existirá esa pregunta, esa duda en el aire, ese rumor que acompaña al Festival en cada proceso de confección, y no es otra pregunta que… ¿quién será el próximo Premio Donostia?

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