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Retrato de una desidia creativa, Shia LaBeouf is not famous anymore

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Ilustración realizada por el artista Alejandro Llamas en exclusiva para Búfalo Magazine

Como si de un preludio se tratase, como si pregonase lo que anticipaban sus formas, como si fuese plenamente consciente de lo inabarcable de sus actos, como si entornase una puerta condenada a no tener pomo, como si pretendiese alejar la inmundicia de la peor forma posible, Shia LaBeouf es una bolsa, una gaviota, es un plagio, Shia LaBeouf es una estatua ante un abuso sexual de sí mismo. Shia es un tarado, pero con una vocación creativa que demole la sutileza, arrasa la impostura, condena la hipocresía y abraza la vulgaridad y la excentricidad. Sí, corremos el riesgo de catalogar como excéntrico o vulgar a LaBeouf, pero va mucho más allá, es un visionario, es magno.

Su última hazaña, ‘He will not divide us’, ya ha sido tumbada. El proyecto de colocar una cámara en las calles de Brooklyn grabando en directo las 24 horas durante los 4 años –esperemos- del mandato de Donald Trump a modo de protesta, ya ha sido demolido. Sin embargo, por extraño que parezca, esta probablemente sea la acción, bocanada o proyecto, más cuerdo que se le recuerda. De hecho, solo es una muestra más de que su incesante mente está constantemente martilleando el manierismo de un Hollywood exhausto de sí mismo.

Hollywood, un sector ebrio sometido a caprichos artísticos. Actores y actrices que no paran de protagonizar escándalos y vejaciones que parecen contaminar la industria, pero únicamente la alimentan. En este contexto, existe la irreverencia de un escalón supremo, una cota aparentemente inaccesible para según qué talento. Hablando de cotas de escándalo extremo, por ruido y excentricidad, el talento de Shia LaBeouf de sembrar el caos es pura dinamita.

Shia no es un personaje común en este panorama, no es un conjunto de excentricidades reflejadas en una lista, no es frivolidad, LaBeouf es el mayor producto de la canallada cinematográfica jamás expuesto. Shia ha sobrepasado el alcohol, las drogas, las ínfulas y los escándalos de diversa índole, para ser un ángel exterminador. Pedir perdón por plagiar un cómic para guionizar su cortometraje, utilizando para ello una respuesta de Yahoo Answers, es una genialidad. Pero fue más allá, al verse amenazado con ser legalmente demandado, utilizó una avioneta para disculparse de nuevo escribiendo ‘Sorry’ en el cielo. De aquel ‘Sorry’ surgió un proyecto artístico. Esto solo significa que el grado de perturbación aleja al personaje de la idiotez propia de la deidad desfila-alfombras para acercarlo a un plano astral.

Sembrar el caos en una representación en Broadway de ‘Cabaret’, abofeteando a una señora y tocando el culo al protagonista en mitad del espectáculo, es implosivo. “Sinceramente, creo que no iba ni borracho ni drogado, simplemente estaba interpretando un rol, estaba interpretando a un gilipollas extremo”, afirmó uno de los testigos. ¿Qué es esto?

US actor Shia LaBeouf(L)is seen during his He Will Not Divide Us livestream outside the Museum of the Moving Image in Astoria, in the Queens borough of New York January 24, 2017 as a protest against President Donald Trump. LaBeouf has installed a camera at the Museum of the Moving Image in New York that will run a continuous live stream for the duration of Trumps presidency. LaBeouf is inviting the public to participate in the project by saying the phrase, He will not divide us, into the camera. / AFP / TIMOTHY A. CLARY (Photo credit should read TIMOTHY A. CLARY/AFP/Getty Images)

¿Qué mente puede estar tan atormentada? ¿Qué hay detrás de estas excentricidades? ¿Qué hay detrás de estas estupideces? Probablemente nada, probablemente la única intención sea la de provocar, la de incitar al odio, la de remover unas conciencias que creemos abiertas cuando cada vez están más sumidas en el ostracismo (¿verdad EEUU?). Gana LaBeouf por artista. Pero, ¿y si tanta gilipollez está justificada por un excesivamente prematuro encumbramiento? … Steven Spielberg llama a Shia a su despacho y le pregunta: “Chico, ¿alguna vez has visto Indiana Jones?”. LaBeouf duda, no porque no hubiese disfrutado una y otra vez con las aventuras de Harrison Ford, sino por la obviedad de la respuesta. Al recomponerse, aún con cara que mezcla entre desconcierto, miedo y respeto, responde: “Claro que he visto las películas de Indiana Jones”. Steven responde: “Perfecto, vamos a hacer otra película y vas a estar en ella”. Tenía tan solo 20 años y ya iba a co-protagonizar una de las sagas más famosas de la historia del cine. Dinamita para un perturbado, independientemente del dinero que represente. Tan solo había protagonizado ‘Disturbia’ y alguna que otra serie antes y ya estaba en superproducciones como ‘Indiana Jones y la calavera de cristal’ o ‘Transformers’.

El calificado como ‘nuevo Tom Hanks’ por el USA Weekend tiene ahora 30 años y, enumerar la extensa lista de escándalos que ha causado solo es un ejercicio más de encumbramiento. ¿Qué explicación tiene? La única posible y razonable es la de enfermar por una desidia creativa hacia su profesión. LaBeouf está aburrido, le falta motivación y le sobra energía (o al menos la forma de canalizarla). Labeouf está perdiendo fama cinematográfica y está ganando fama astral, fama que explora nuevos límites del caos, fama en general.

Una fama que diseccionaba en la obra artística que ilustra este artículo y que está realizada en exclusiva para Búfalo Magazine por el artista Alejandro Llamas. En la presentación de Nymphomaniac (película de Lars Von Trier) en Berlín, LaBeouf desfiló por la alfombra roja con un esmoquin y una bolsa en la cabeza en la que se podía leer ‘I Am not famous anymore’ (‘Ya no soy famoso’). En una necesaria y reflexiva entrevista de Dazed, Luke Turner y Nastja Rönkkö, artistas metamodernistas que colaboraron con LaBeouf en el proyecto #IAMSORRY (en referencia a sus disculpas por acusaciones de plagio), explicaban así las intenciones de tal arrebato artístico: “La parte más estimulante del proyecto era comprobar cómo las personas veían a Shia, si como una persona de carne y hueso con alma, o como un objeto, una mera conceptualización de lo que representa la fama. Nos parece muy revelador que, mientras que en el pasado todo el mundo quería llegar a ser famoso, hoy en día todo el mundo quiere ser un artista. Para nosotros, esto abre las preguntas de si nuestros sistemas de valores están migrando hacia algo más significativo”.

Después de Berlín, festival en el que interrumpió abruptamente la rueda de prensa tras citar a Eric Cantoná: “las gaviotas siguen al barco porque saben que acabarán cayendo sardinas al mar”,  la obra se expuso el Londres. LaBeouf se sentó tres días en la galería, con la bolsa puesta en la cabeza, y con una serie de objetos de sus películas al alcance de los visitantes (como el latigo de Indiana Jones) que podían utilizar para interactuar con él. Durante esos tres días, Shia afirma que fue violado por una mujer delante de cientos de personas, pero que no hizo nada, simplemente se quedó inmóvil, al servicio del proyecto. Su novia estaba en la galería cuando esto se produjo y LaBeouf explicó así el momento en el que entró a la sala de exposición: “No pude hablar, así que ambos nos sentamos con este trauma inexplicable en silencio. Fue doloroso.”

¿Qué se puede decir ante tales muestras de genialidad? ¿Volveremos a ver cómo en unos años proyecta de nuevo toda su filmografía sin cortes en un cine o no habrá prácticamente nada nuevo que proyectar? Sería una pena que Brad Pitt no viese anualmente a su ‘amigo’ en la gran pantalla: “LaBeouf es uno de los mejores actores que he visto jamás”. Todas los arrebatos artísticos y emocionales desembocan así en lo verdaderamente importante, en algo que quizá peque de banal: ser un gran actor. ¿Lo es LaBeouf?

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Nastja Rönkkö, co-artista de #IAMSORRY, en la galería de exposición, frente a los objetos de las películas de Labeouf

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