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‘Spotlight’: La importancia de premiar el rigor periodístico

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Y, finalmente, ‘Spotlight’ se alzó con la estatuilla reina de la noche de los Oscars. Mejor película. Una película sobre cómo el rigor periodístico puede enfrentarse al poder fáctico. Una película sobre cómo el método de investigación periodístico puede lograr alterar una terrorífica trama espeluznantemente tejida. Por supuesto, basada en hechos reales. Hechos acaecidos hace poco más de una década. Hechos que sitúan el foco sobre la divinidad eclesiástica y la tolerancia social según qué poderes. La Academia, por temática, fue valiente. Y por ello merece, más que un aplauso, una reflexión.

La película de Thomas McCarthy es una lección periodística en muchos sentidos. En una era en la que lo digital ha esclavizado el tempo de elaboración de contenidos, en el que los artículos pasan a ser un producto de caducidad minutada, en el que nuestros escritos se pierden entre una marea de contenido condenado desde su creación, las lecciones sobre cómo el cuarto poder puede servir a causas moralmente justas o éticamente correctas, son una necesidad.

Lo más importante quizá sea que ‘Spotlight’ no es una simple aproximación al periodismo o a su influencia en el caso concreto de Boston, sino que podemos extraer valiosas lecciones de su desarrollo. No sería tópico recalcar la importancia de que la película sea estudiada en facultades de periodismo por varias razones.

La primera: la trascendencia de las fuentes. Es imprescindible contar con fuentes de confianza que no solo sitúen el foco sobre la problemática, sino que colaboren en guiar el complicado camino de los periodistas en la búsqueda de la verdad. La segunda: el valor de la información. Es vital tener el olfato periodístico como para intuir el alcance de una información. En la película se muestra el conflicto entre los personajes por la urgencia de publicar una información sensible para ayudar a la sociedad. Sin embargo, probar si es o no un problema sistemático para, de esta manera, ir desde una dramática historia aislada, a un conflicto de envergadura cuya gravedad (en cuanto a dimensiones) es mucho mayor y presenta un gran número de víctimas, es vital para causar efecto.

La tercera: la necesidad de trabajar en equipo. Puede parecer una lección oportuna por la necesidad de varias personas para cubrir el alcance de las informaciones, pero no me refiero solo al dimensionamiento, sino a la coordinación y, por qué no, a la búsqueda de apoyo y complicidad que debe existir entre personas que lindan a diario con temas de tanta afección emocional. Y la cuarta: el sentimiento periodístico. Pensamos en los profesionales de la investigación como gente cuyo objetivo es únicamente desenmascar la verdad, librar de matices unos hechos (que no un enjuiciamiento) y así ejercer con destreza una labor de raza, pero el plano sentimental discurre por sendero opuesto al de la profesionalidad, y en ocasiones pueden cruzarse, asistiendo a escenas como la magnífica explosión del personaje interpretado por el mastodóntico Mark Ruffalo.

‘Spotlight’, cuyo reparto es una maravilla, es una obra cuyo reconocimiento trasciende de la película en sí, para hacernos reflexionar sobre la importancia del rigor periodístico, cada vez más condenado a una industria de la información en pleno proceso de redefinición. Dejad trabajar a los periodistas, cojones.

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