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7 películas que Carlos Boyero odia… y son joyas

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Por estas tierras Carlos Boyero es el crítico de cine más famoso. Pregunta al que tengas más a mano por uno de la profesión y no lo dudará. Probablemente tampoco dudará en emitir su opinión inmediatamente después de mentarle, y ésta no será tibia. A un lado están los que aplauden su aplastante sinceridad y ese canallismo propio del que sólo se debe a sí mismo. En la otra esquina del ring aguardan los que condenan su pereza intelectual, su desdén en las argumentaciones y su estilo destroyer. Ambas opiniones nos parecen razonables, aunque nosotros nos divertimos mucho leyendo sus críticas. Un periodista que consigue que directores como Víctor Erice firmen un manifiesto enviado a El País contra su estilo y su labor o que Pedro Almodóvar le brinde una enfurecida contracrítica merece sin duda nuestra atención. Por ello le dedicamos 7 películas que nosotros amamos pero él detesta incomprensiblemente. Ah, y también porque en Búfalo Magazine creemos en las segundas oportunidades.

El bueno, el feo y el malo

Celebérrima estupidez

BUENOFEOMALO

El mundo se divide en dos categorías: los que tienen el revólver cargado y los que cavan. Tú cavas“. El destino obliga a tres cazarrecompensas nada amigables a colaborar entre ellos para conseguir un tesoro escondido que suena a leyenda. ‘El bueno, el feo y el malo’ es la cumbre del spaghetti-western. Es deber cinéfilo celebrar la polvorienta coreografía orquestada por Leone, la épica música de Ennio Morricone y el duelo a tres bandas: Lee Van Cleef con sombrero, Clint Eastwood con poncho y Eli Wallach con la soga al cuello. Efectivamente, esto suena a leyenda. Quentin Tarantino tiene el revólver cargado: “es la película mejor dirigida de la historia”. Boyero, tú cavas.

Miedo y asco en Las Vegas

“Una imbecilidad”

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¿Alguien en esta sala mejor que Terry Gilliam para adaptar a la pantalla el imaginario lisérgico de Hunter S. Thompson, el profeta del periodismo gonzo? Para alcanzar el ángulo más absurdo del sueño americano lo lógico es coger un descapotable e ir a Las Vegas. Y para pervertir ese sueño hasta el delirio lo sensato es portar un escandaloso arsenal con todo tipo de drogas. Lagartos gigantes en el hall, murciélagos en la carretera, Jefferson Airplane, retratos de Barbra Streisand y por supuesto el brillante monólogo de “la cresta de la ola”. Le preguntaron a Hunter qué sintió al ver la película: “ha sido como escuchar una llamada de trompeta sobre un campo de batalla perdido”.

El club de la lucha

“Pretenciosa gilipollez”

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No me habían follado así desde la escuela primaria”. Podemos tachar a ‘El club de la lucha’ de irregular y tramposa, sí, pero sus otras virtudes la aúpan como una obra de culto: traviesa, provocativa, arriesgada e incómoda. El monumento al cabreo como único orden social fabricado por Chuck Palahniuk es trasladado a la pantalla por David Fincher con una fiereza inolvidable. Las reglas del cub ya las sabéis. Da igual si preferís la paranoia cosmopolita de Edward Norton o los monólogos agitadores de Brad Pitt; Marla se quedará con los dos.

Mulholland Drive

“La típica y tópica paja mental de David Lynch. Me aburre profundamente.”

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Dorothy sale de Kansas siguiendo el camino de baldosas amarillas que lleva hasta Hollywood para cumplir su sueño de ser actriz. No se ha enterado de que está en una película de David Lynch, el verdadero Mago de Oz. Sólo un genio como él puede embarullar lo real con lo onírico de una manera tan pegajosa, teatral y misteriosa. ‘Mulholland Drive’ es un laberinto cinematográfico de poderosísimas y terroríficas imágenes al que uno tiene que entrar sin compañía. ¿Hay salida? Más de una. Pesadillas en cafeterías, pasiones lésbicas, clubes de música sin música, accidentes de tráfico, enigmáticas llaves, un cadáver… Un Lynch tan inspirado y alucinado que consiguió que le nominaran al Oscar a mejor director sin que los académicos se enteraran de mucho.

Old-Boy

“Una memez complacidamente violenta”

OLDBOY

‘Old-Boy’ es la más brutal historia de venganzas de los últimos años. También posee una de las más espectaculares peleas cinematográficas (y sólo con un martillo). Y la sonrisa inolvidable de un pobre hombre que no sabe por qué ha sido encerrado en una extraña habitación con televisor, ni por qué el rostro de una chica planea por su mente una y otra vez. Sí, no hay duda: Old-Boy se complace en ser violenta. También brillantemente retorcida.

Infiltrados

“Liosa y fría. Ninguno de sus personajes consigue hipnotizarme, no aguanto a Nicholson.”

infiltrados

Que no os engañen los edificios de Boston, ni los Rolling Stones, ni tampoco las sesiones con la psicóloga Vera Farmiga. Esto es un western, una del oeste donde gana el más rápido. No importa al departamento que pertenezcas o el bando que defiendas: hay que salvaguardar la organización y si puedes también el culo. Como en una banda de pistoleros, como en la mafia. Y de eso Scorsese sabe. Con ‘Infiltrados’ le regaló a una deidad como Jack Nicholson su último gran papel y a los espectadores el plano final más sucio y sincero de toda su filmografía.

Puro vicio

“Vacua, insoportable, absurda, inútilmente kilométrica”

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No es fácil enterarse de un embrollo noir que involucra a constructores millonarios, pandillas de moteros, prostitutas asiáticas, policías fascistas, hippies, traficantes y… ¿dentistas? Y menos si encima de ti tienes el existencial nubarrón de marihuana de Doc Sportello. Una cosa está clara: este trasnochado detective no va a asumir la pérdida de un amor idealizado. ‘Puro vicio’ es ese sentimiento constante de que algo está terminando; llámenlo sueño o llámenlo realidad. Sólo por ese colmillo dorado que se alza en la ciudad nos dejaríamos mecer por la paranoia. Sólo por ese flashback bajo la lluvia con Neil Young sonando nos volveríamos a enamorar.

 

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