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Boogie Nights: las 5 claves de la bajada de bragueta de Paul Thomas Anderson

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Aprovechamos que ‘Boogie Nights’ cumple 19 años desde su estreno en la edición número 34 del Festival de Cine de Nueva York para hablaros de la primera gran película sobre el mundo de la pornografía. La reválida de Paul Thomas Anderson tras su magnífica ópera prima ‘Sidney’ no sólo se ha convertido con el paso del tiempo en una obra de culto sino que se ha posicionado como uno de los más grandes films sobre la década de los 70. En ella están además gran parte de sus obsesiones: la forja de un nombre, la necesidad de una familia, la influencia del contexto histórico y social sobre el hombre, y por supuesto, la ciudad de Los Ángeles. Dentro de los moteles y bares de esas mismas calles escribía Charles Bukowski en ‘Se busca una mujer’ que estaba cansado de “ser un pollamedia en un mundo de pollasmedias“. Dirk Diggler, protagonista de ‘Boogie Nights’, no tiene ese problema; ésta es la historia del ascenso y caída del pene más lustroso de América.

En busca de su estilo

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En los últimos años se ha convertido en un cliché llamar a Paul Thomas Anderson el “nuevo Stanley Kubrick”. Es cierto que existen similitudes con él: la planificación de muchas escenas, la documentación larga y metódica para cada proyecto, el gusto por el control absoluto de todos los detalles, la megalomanía… Sin embargo, en ‘Boogie Nights’ el referente absoluto es otro director neoyorquino: Martin Scorsese. Comparte con su ‘Toro salvaje’ el tono y desarrollo de la historia (drama doméstico, choque de chico pobre con la gloria, equilibrio entre show-business y bajos fondos…) además del calco-homenaje que supone la escena final, pero su hermana cinematográfica es ‘Uno de los nuestos’. Los cimientos de ambas películas son las canciones de sus respectivas épocas y los espectaculares travellings y maravillosos planos secuencias que vertebran la mayoría de las escenas. Paul Thomas Anderson copia el mismo ritmo cocainómano y logra, entre brutales vaivenes de cámara, equiparar el frenesí de un chaval que quería ser un gángster con el de Dirk, que siempre quiso ser una estrella. Era su forma de sacar músculo, su manera de medirse a los grandes. En esa búsqueda de estilo propio, se colaban maneras de Tarantino (el shock que causó ‘Pulp Fiction’ aún estaba reciente) y reminiscencias de las historias corales de Robert Altman, pero PTA tenía claro que él era la estrella. Inmediatamente después de cerrar el mejor plano secuencia de la película – el de la primera fiesta en casa de Jack Horner -, el protagonista suelta una línea que parece ir dirigida al espectador: “¿verdad que mola?

Héroes de otra época

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Mi padre fue uno de los primeros del barrio que tuvo un reproductor de vídeo. Y entre todas las cintas que descubrí, había pelis porno. No por eso me convertí en un retrasado o algo peor. Estuve viendo porno de los diez a los diecisiete años. Lo encontraba interesante.” Sí, Paul Thomas Anderson es todo un experto en porno de los 70. Los diálogos de las películas que ruedan los protagonistas son transcripciones exactas de guiones de cine de adulto de la época. Además, ‘Boogie Nights’ está repleta de cameos de viejas glorias del sector, y muchas de las vidas de sus personajes están basados en casos reales. La historia de Dirk Diggler es una mezcla de las carreras de John Holmes y Shauna Grant, la del director de fotografía Pequeño Bill en el suicidio del actor Cal Jammer, mientras que los problemas con la justicia de Amber Wave se inspiran en la historia de la actriz porno Veronica Hart. Hacer ‘Boogie Nights’ no fue una casualidad o un capricho; el germen de la película es un cortometraje que el mismo PTA realizó sobre un joven que comienza su andadura en el cine erótico: ‘The Dirk Diggler Story’ (1988).

La trifulca con Burt Reynolds

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Paul Thomas Anderson es un excelente director de actores; uno de los alicientes de su filmografía es poder disfrutar de las interpretaciones de sus elencos. En ‘Boogie Nights’ la de Burt Reynolds se eleva hasta la que seguramente sea la mejor de toda su carrera. Sin embargo, la relación entre ambos durante el rodaje fue bastante agitada. “Paul era joven y muy prepotente. Cada toma que rodaba parecía que era la primera vez que se hacía en la historia del cine. Recuerdo la primera toma que hicimos, en la que yo conducía un coche hacía el teatro de Grauman. Cuando acabamos de rodar dijo: ¿No es increíble? Y yo nombré el título de al menos cinco películas que ya habían rodado una escena así antes. No era original, pero al menos sabía que si tienes que robar, es mejor robar a los mejores”, escribía Burt en sus memorias. La tensión entre ambos llegó a tal punto que el actor, cansado de ser corregido en todas las tomas, se abalanzó sobre su director lanzando puñetazos hasta que fueron separados por los demás miembros del rodaje. Reynolds aborreció tanto la experiencia que afirma no haber visto nunca la película, a pesar de ganar por ella un Globo de Oro y una nominación al Oscar. Llegó a despedir a su agente y rechazó la oferta de PTA de participar en ‘Magnolia’, su siguiente proyecto. Su paupérrima carrera a partir de este punto habla por sí sola.

“Rick Springfield es amigo mío”

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Los motivos son muy diversos, pero hay personajes que se quedan en el imaginario del público para siempre. En ‘Boogie Nights’ hay uno al que sólo le bastan 10 minutos para arrastrarte hacia su locura. Se llama Rahad Jackson y lo interpreta un sudoroso y desatado Alfred Molina en bata de seda y gallumbos. En el punto más bajo de su carrera, Dirk se ve envuelto en un intento de estafa al traficante más peligroso de Los Ángeles. A Rahad Jackson le gusta drogarse, jugar con armas de fuego, crear sus propias listas de canciones en cintas y que su mayordomo chino tire petardos al aire cada diez segundos. Su inolvidable escena es uno de esos ejemplos en los que uno puede apreciar que un director está disfrutando al rodar; en ella hay homenajes a ‘El precio del poder’, momentos musicales, un largo plano fijo memorable que sirve de punto de inflexión para el protagonista y suspense aderezado con una delirante verborrea. Un periodista le preguntó a PTA por qué capturaba tan bien las conversaciones entre gente que abusaba de la cocaína. “Porque yo mismo lo he vivido“, respondió.

My Awesome Mix Tape #6

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En casa de Rahad Jackson podemos ver un plano con una de sus cintas: “My Awesome Mix Tape #6”. Desconocemos cómo bautizó Paul Thomas Anderson a la lista musical que creó para ‘Boogie Nights’, pero estamos seguros de que se asemejaría bastante. La selección de hits de la época es imparable, de un gusto exquisito. Además su protagonismo en la película es mayúsculo; como lo es el rock and roll clásico en ‘American Graffiti’ o el guitarreo setentero en ‘Movida del 76’. Aquí se explayan los Three Dog Night, los Commodores, War, Boney M, Hot Chocolate, KC & the Sunshine Band, Marvin Gaye, The Move… Para la escena final, PTA tenía claro que debía sonar el ‘Livin’ Thing’ de la Electric Light Orchestra (esos versos que rezan “It´s a given thing/what a terrible thing to loose” encajan perfectamente). El compositor y líder de la banda Jeff Lynne se negó a que su canción se utilizara en una película de temática pornográfica y violenta, así que PTA le invitó a un pase especial para que la viera y cupiera la posibilidad de un cambio de opinión… Sí, Lynne salío maravillado. Otro final habría sido una injusticia cinematográfica.

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