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Los 20 premios Oscar más merecidos del Siglo XXI

Director Martin Scorsese (Second-Left) holds up his Oscar for Best Director in 'The Departed' with Directors Francis Ford Coppola, Steven Spielberg, and George Lucas (L-to-R) at the 79th Annual Academy Awards at the Kodak Theatre in Hollywood, California Sunday 25 February 2007. EPA/PAUL BUCK +++(c) dpa - Bildfunk+++

Uno de los deportes preferidos entre los amantes del cine consiste en criticar anualmente a los Oscar, sus ganadores, sus ausencias, sus filias… A nosotros también nos gusta, pero esta vez vamos a hacer lo contrario. Vamos a aplaudir los 20 premios Oscar más merecidos del Siglo XXI.

Mejor canción: Bob Dylan por Things Have Changed (‘Jóvenes prodigiosos’)

A vueltas existenciales con uno de nuestros escritores bloqueados preferidos, Robert Allen Zimmerman calentaba para el Nobel cocinando versos rebozados en cinismo -“sólo un estúpido pensaría que tiene que demostrar algo aquí“-. ¿Lo adivináis? Efectivamente, el hermético genio de Minnesota no fue a recoger la estatuilla.

Mejor largometraje documental: ‘Rumores de guerra’

‘Rumores de guerra’ es una fascinante conversación con Robert S. McNamara, el otrora Secretario de Defensa en la Casa Blanca desde 1961 hasta 1968, uno de los períodos más convulsos en la historia de América. Supone también, en su claridad y contundencia, una doble constatación: que la categoría de largometraje documental rescata siempre joyas ocultas y que los yanquis no sólo nos sacan años de ventaja en el noble arte de mirarse al ombligo… también en el de criticarlo.

Mejor guión original: Sofia Coppola por ‘Lost In Translation’

Los hipsters tuvieron su momento de gloria al celebrarse a sí mismos incluso antes de saber que eran hipsters. La sedante ‘Lost In Translation’ parecía traer una historia de amor desde otra dimensión, como si nunca antes hubiésemos visto una en pantalla. La Academia se rindió ante la sensibilidad de la hijísima, que encumbró a Bill Murray como icono indie.

Mejor película: ‘El Señor de los Anillos: El retorno del rey’

No nos engañemos; a Hollywood le encantan la ampulosidad, los millones invertidos y la megalomanía cinematográfica. Hasta 11 estatuillas doradas colmaron el homenaje a toda una trilogía memorable. Peter Jackson dejó a todos boquiabiertos, fans irredentos de Tolkien incluidos, con su despliegue narrativo y técnico. La Academia supo ver que ‘El Señor de los Anillos’ pasaría a la historia como una sincera y romántica oda a la aventura y la épica. Aplaudimos.

Mejor guión adaptado: Alexander Payne por ‘Entre copas’

Nos complace constatar que cada proyecto de Alexander Payne sea recompensado con un buen saco de nominaciones. En gloriosas ocasiones incluso se llega a premiar la ironía y autenticidad de sus retratos, en ese limbo entre el drama y la comedia, de la otra América. Dos simpáticos perdedores se enfrentan, entre vino y vino, a los sinsabores de la absurda existencia.

Mejor guión original: Charlie Kaufman por ‘¡Olvídate de mí!’

La arena está sobrevalorada; al fin y al cabo son sólo un montón de piedrecitas diminutas.” Charlie Kaumfan es uno de los autores más personales y reconocibles del panorama independiente norteamericano. La profundidad de este drama romántico irrepetible (e irónicamente inolvidable) demostró que aún quedaban recovecos en nuestro cerebro que alumbrar.

Mejor director: Martin Scorsese por ‘Infiltrados’

La salida al escenario de tres leyendas y amigos (George Lucas, Steven Spielberg y Francis Ford Coppola) barruntaba gloria en el Dolby Theatre; también justicia. Martin Scorsese, uno de los directores más celebrados de la historia, no tenía aún su estatuilla. Tuvo que hacer un remake, un furioso western urbano para revertir la tragedia. Sin duda, éste será uno de los momentos más recordados entre las galas de los Oscar.

Mejor actor: Daniel Day-Lewis por ‘Pozos de ambición’

Si vas a premiar la sobreactuación, premia al que mejor baile con ella. Daniel Day-Lewis alzaba su segundo Oscar (un lustro después ganaría el tercero por ‘Lincoln’) por una creación extrema: la del alcohólico empresario del petróleo Daniel Plainview. Contemplar cómo la avaricia va consumiendo su rostro a medida que se va dejando los escrúpulos en el fondo de la tierra (o de la botella, si prefieren) es un extravagante placer que sólo Paul Thomas Anderson nos podía regalar.

Mejor director: Joel & Ethan Coen por ‘No es país para viejos’

Este thriller fronterizo sobre el sinsentido del azar y el paso del tiempo es una de las mejores y más oscuras películas galardonadas con el Oscar. Los responsables son los hermanos Coen, expertos en nihilismo y mala baba. Ellos supieron ver en el texto de Cormac McCarthy una inmejorable oportunidad para hacer lo que más les gusta: exprimir, desde el absurdo, algo de sabiduría. Ah, y para decir sí a la peluca más extraña (y a la postre terrorífica) que jamás haya portado un asesino.

Mejores efectos visuales: ‘El curioso caso de Benjamin Button’

Sutiles a la par que impresionantes. Eric Barba, Steve Preeg, Burt Dalton y Craig Barron realizaron un auténtico trabajo de orfebrería digital para juguetear con el paso del tiempo en el rostro y maneras de Brad Pitt de la misma forma que lo hacía David Fincher en su cabeza. El trabajo desde Digital Domain fue uno de los más alabados por los profesionales del sector, ante todo por la vital importancia e impacto sobre la narración.

Mejor actor secundario: Christoph Waltz por ‘Malditos bastardos’

Hans Landa es el mejor personaje que he escrito“, afirmó Quentin Tarantino. Para encontrar al intérprete perfecto requería a alguien como Landa. No un cazador de judíos nazi enamorado de su trabajo sino a “un genio de la lingüística“. Ahí entró en juego el austriaco, que domina a la perfección 3 idiomas. La Academia quedó tan prendada de su labia que repetiría galardón sólo 3 años después sin mucho esfuerzo con ‘Django desencadenado’.

Mejor actriz: Natalie Portman por ‘Cisne negro’

Portman paranoica en el metro, Portman sufriendo alucinaciones frente al espejo, Portman ensayando ballet, Portman masturbándose en la cama, Portman sintiéndose desnuda ante su nuevo profesor… Recital absoluto para un papel extraño y dificil, a vueltas con el delirio de Catherine Deneuve en ‘Repulsión’.

Mejor largometraje de animación: ‘Toy Story 3’

Nosotros vamos a por todas…” decían desde Pixar cuando ‘Toy Story 3’ fue nominada no sólo a mejor película de animación sino además a mejor película y mejor guión adaptado. Una de las mejores secuelas de la historia del cine era a su vez un divertidísimo y emocionante canto a la amistad, una celebración de la vuelta a la niñez y el más logrado ejemplo de una de las muchas virtudes de este estudio de animación: hermanar al público infantil con el adulto. Hasta el infinito y más allá, por favor.

Mejor banda sonora: ‘La red social’

El Oscar a Trent Reznor y Atticus Ross por la tremenda composición para la obra maestra de David Fincher fue toda una sorpresa. Su música electrónica se salía de los cánones habituales premiados por la Academia. Heterodoxa, epiléptica, envolvente… Funciona como un embalaje perfecto para esta tragedia shakesperiana sobre la revolución digital. Y pruébenlo, es magnifica escucharla como complemento para el trabajo o el estudio.

Mejor película de habla no inglesa: ‘Amor’

‘Amor’ es una obra maestra; un relato sobre la muerte, el dolor, la pérdida y el amor absolutamente lúcido y sincero. Es también una de las mejores muestras del estilo seco y punzante del austriaco Michael Haneke, que fue justamente reconocido por la Academia a pesar de realizar un cine siempre esquivo, incómodo y nada amable. Éste es un Oscar incontestable.

Mejor dirección de fotografía: ‘Birdman’

¿Una comedia sobre una estrella de cine esquizofrénica en busca de redención profesional rodada en una sola secuencia? Por supuesto que botamos con cada Oscar que levantó ‘Birdman’, con todos sus picotazos autorales aquí y allá. La iluminación, entre realista y delirante, encaja perfectamente en ese laberinto claustrofóbico que hace las veces de alma del protagonista. El infalible talento visual de Emmanuel Lubezki (ha ganado Oscars también por ‘Gravity’ y ‘El renacido’) resulta esencial para que el espectador no aparte la mirada de los constantes y pegajosos travellings. Y demostró algo que la Academia parecía haber olvidado: también se podía ganar un Oscar iluminando interiores. ¿Siguiente tarea pendiente? Reconocer al fin a Roger Deakins.

Mejor actriz secundaria: Patricia Arquette por ‘Boyhood’

A todas las mujeres que han dado a luz, que pagan sus impuestos y que son ciudadanas de esta nación, hemos luchado por los derechos de todos los demás. Ya es hora de que tengamos de una vez por todas el mismo salario (que los hombres) y los mismos derechos para las mujeres en Estados Unidos de América“. El discurso fue emocionante y necesario; su interpretación -prolongada prodigiosamente durante 12 años- fue el único reconocimiento al histórico trabajo tras la cámara de Richard Linklater. El momento en el que su personaje, una madre con el rostro de todas las madres, se derrumba ante su hijo y la evidencia del paso del tiempo supone todo un arrebato interpretativo.

Mejor dirección artística: ‘El Gran Hotel Budapest’

La forma en que percibimos una historia queda muy influenciada por el escenario donde se cuenta. Es realmente emocionante formar parte del proceso de contar esas historias“, contaba Adam Stockausen a The Creators Project. Klimt, Art Nouveau y otras cientos de referencias fueron absorbidas para crear preciosistas estaciones de tren, hoteles o centros comerciales que nos trasladaran a una Europa imperial y mágica imaginada por el gran Wes Anderson. Pura artesanía que fue indispensable para sostener una película viva, pasional y nostálgica.

Mejor película de habla no inglesa: ‘El hijo de Saúl’

‘El hijo de Saúl’ es una de las experiencias cinematográficas más extremas de los últimos años. La cinta húngara sigue con brutal realismo a un prisionero encargado de quemar los cuerpos y limpiar posteriormente las cámaras de gas de un campo de concentración nazi. La arriesgada realización de László Nemes (¡es su ópera prima!) consigue dotar a la ya de por sí apabullante historia de una opresora y desasosegante atmósfera, haciendo un arte del fuera de campo. Sin serlo oficialmente, es la mejor adaptación del horror existencial narrado por el superviviente del Holocausto y escritor Primo Levi.

Mejor montaje: ‘Mad Max: Fury Road’

Si se habían olvidado de la sensación de vértigo en el cine de acción, la falta de aire y el absoluto pasmo, la adrenalítica e imparable ‘Mad Max: Fury Road’ actuó sin duda como advenimiento divino. El plan maestro de George Miller salió tan bien que nos hizo creer que todas las secuelas debían ser así: tardías y en forma de persecución. Margaret Sixel (sólo dos películas a sus espaldas) se encargó de un montaje espídico y subrayado hasta la perfección, de precisión milimétrica a cientos de kilómetros por hora. Sí, aún hay vida inteligente en el cine de acción. ¡Sed testigos!

 

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