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Los 5 mejores westerns del Siglo XXI

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Historias quebradas, ennegrecidas por una época que las considera caducas, parias sustituidos por capas y mallas, reminiscencias de unos años luminosos que sucumbieron a la vanguardia, al croma y a la desidia. La industria, a pesar de los atemporales esmóquines, flashes y alfombras rojas, ha cambiado. Los géneros predilectos, también. Pese a ello, hay un componente, más allá del western en sí, que ha trascendido épocas, movimientos cinematográficos, y fronteras, y es el de la acción, las aventuras y la capacidad para glorificar la osadía.

El western, y su condición de inocua familiarización, fue encumbrado como género por excelencia democrática durante un largo periodo de la historia del celuloide. Hoy, sin embargo, arrastra a duras penas una representación medianamente decente al año (medianamente). La fábrica cerro, colgó el cartel y nunca se ha vislumbrado su resurrección. Tarantino quiso erigirse como mesías, pero su escasa autoconsciencia le impide apreciar que él seguirá siendo él, y su género seguirá siendo él mismo independientemente del contexto. La floja (por comparación consigo mismo) ‘Django desencadenado’, y la colosa (por comparación con toda la industria) ‘Los odiosos ocho’, no han sido las abanderadas del western este siglo, si no de su cine, y lo agradecemos.

Pero aquí nos incumbe el western por pureza –si algo de ello queda- en comparación con referentes a los que, por componente nostálgico y objetividad crítica, nunca podrá rememorar. Los ‘Centauros del desierto’, ‘Río Bravo’, ‘El hombre que mató a Liberty Valance’, ‘El Dorado’, etc, nunca volverán. Una vez asumido eso, os presentamos 5 maravillosas peculiaridades, cinco buenas muestras de que aún hay esperanza.

Open Range – 2003

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Western pastoral. Retomar la ganadería como eje central del conflicto entre cowboys devolvió honestidad a una trama corrupta. Un ‘Dos hombre y un destino’ con menos glamour y más arrugas. Desmesurada aunque comprensible subtrama la del amor, innecesariamente pomposa, agoniza en su epílogo y alarga excesivamente el metraje. El sonido más contundente de la última época… el mejor retrato del estallido posible. Costner y Duvall están memorables.

Enfrentados (Seraphine Falls) – 2006

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No es tan atípico por su desarrollo como por su contextualización. Que un western se convierta en una carrera de obstáculos que sepa aglutinar todos los elementos de un género marchito, representa una bendita perversión. Además, que dos señoritos británicos (inusuales Pierce Brosnan y Liam Neeson) se embarren jugando al ratón y al gato en una tierra contaminada por el odio y la desconfianza, redimensiona el contenido. No es casualidad que empiece en unas montañas nevadas y termine en una llanura seca, tan quebrada como su onírico y celebérrimo desenlace. El tercer acto, ya sin cantimplora, hipnotiza.

El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford – 2007

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Inusualmente nihilista, contemplativa y profunda. Es uno de los mejores western no solo del Siglo XXI, sino de la historia del cine en general. La psicótica relación entre Jesse James (Brad Pitt) y Robert Ford (Casey Affleck) es tan enfermiza como reveladora. Las escenas de prólogo y epílogo son pura maestría, abrasivamente brillantes.

Valor de ley – 2010

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Solo los dos hermanos más influyentes de la historia del cine (con permiso de los Lumiere), serían capaces de confeccionar un remake no solo decente -impensable hoy día- sino mejor que su predecesor. ‘Valor de ley’ fue humillada injustamente en unos Oscar que encumbraron a la discretísima ‘El discurso del rey’. Diez nominaciones para no levantar ninguna estatuilla, algo parcialmente entendible por arrasar con ‘No es país para viejos’ en 2007. Jeff Bridges de ‘niñera’ en cine de quilates, qué deliciosa perversión.

Slow West – 2015

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Western de autor. Personalísima propuesta. Teatralizada joya del cine independiente de la última época. No solo es un western por peculiaridad de tono, sino por la nulidad en la condescendencia con los personajes. No hay ninguna situación edulcorada, simplemente pólvora y una aventura con aires minimalistas. Priman los diálogos y la psique de los personajes. No hay sensación de colosalidad en el tratamiento. El tendedero más original visto en el cine.

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