Listas

6 películas no aptas para claustrofóbicos

Históricamente, los espacios cerrados han gustado en el cine. Bien sea por justificación narrativa, como un recurso para describir mejor a los personajes, o incluso por razones tan simples un presupuesto limitado. Los espacios cerrados permiten desarrollar interesantes historias con independencia del ‘mundo exterior’.

Comprimir las dimensiones hasta asfixiar a los personajes no es sino un recurso para transmitir esa angustiosa sensación a los espectadores, y hay películas cuyo único propósito es ése. Sin embargo, otras, sin proponérselo expresamente, llevan al límite el desarrollo de sus personajes encajonándolos y transmitiéndonos con ello el ahogo que sufren. Por razones muy diferentes, estas 6 películas no son aptas para claustrofóbicos.

Cube (1997) – Un cubo

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¿Qué mejor manera de desarrollar hasta el extremo la psicología de tus personajes que encerrándolos en un gran cubo gigante sin que sepan el motivo? Calificada como película de culto, esta joya es sencillamente imprescindible. El enorme y colorido cubo hace honor a la palabra ‘rompecabezas’ en la mayor amplitud de sus significados. Nunca antes viajar de un cubo a otro había sido tan entretenido (para nosotros), desconcertante (para los personajes) y, en última instancia, claustrofóbico (para ambos).

Última llamada (2002) – Una cabina de teléfono

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Colin Farrel no se despegó del teléfono y nosotros tampoco de la pantalla. Thriller de pulso firme. Quizá su claustrofóbica sensación se deba al punto de mira más que a la propia cabina pero, desarrollándose prácticamente en su totalidad en una localización tan pequeña, no podía quedar fuera esta perla de tensión enfermiza.

Saw(2004) – Una “habitación”

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Es la película filmada en el espacio más amplio de las que citaremos en esta lista, y sin embargo, la progresiva sensación de ahogo no podía finalizar siendo mayor. Sensacional ópera prima de James Wan, que demostró ser más preciso cuanto más cerraba la cámara, más aterrador cuanto menos salía al exterior de la habitación. No sabemos qué causa mayor angustia, si resolver un rompecabezas cada vez más encriptado, o intentar huir de lo que parece una de las mayores bromas macabras del cine de terror.

Buried (2011) – Un ataúd

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Rodrigo Cortés impactó con una cinta sin precedentes. De esta lista es sin lugar a dudas el espacio más reducido y, sin embargo, con la trama más complicada de abarcar. Su relevancia fluye de fuera hacia dentro, consiguiendo que la narración tenga un mérito extraordinario, más que por el lugar de su desarrollo, por la capacidad para mantener el ritmo sin que se entumezcan nuestros músculos.

La cueva (2012) – Sí, una cueva

la cueva

Una de las perlas de género que ha dado el cine español en los últimos años. Es la sensación carnal más cercana posible a lo que debe ser el pánico a los espacios reducidos, con una realización que permite sentir el aliento de cada personaje y un desarrollo que nos sumerge progresivamente. Asfixia, agota y aterra a partes iguales, hasta el punto de mantener con brío la tensión. Un angustioso —-pero sin duda recomendable- viaje a las profundidades.

Locke (2013) – Un coche

Tom Hardy in Locke

Tom Hardy parece una razón lo suficientemente buena como para disfrutar de una película que se desarrolla en el interior de un vehículo. Se antojaba de una dificultad inmensa mantener la atención del espectador durante tanto tiempo en una situación física que podríamos experimentar nosotros mismos nada más terminar la película, sin embargo, los conflictos dramáticos iban mucho más allá de esa interminable carretera, dejándonos eternamente pendientes del manos libres.

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